Pareja. 7 de septiembre de 2026. La imagen con la que soñaba Pareja desde hacía meses terminó haciéndose realidad este lunes en la Plaza de Toros de El Torreón. Javier Sánchez Vara y su hijo Rubén Vara compartieron por primera vez cartel en su pueblo y terminaron saliendo juntos a hombros después de repartirse seis orejas en un festival taurino sin picadores que registró tres cuartos largos de entrada.
El festival estuvo presidido por el alcalde de Pareja, Javier del Río, y tuvo un marcado carácter familiar. A la presencia de padre e hijo en el ruedo se sumó la del pequeño de la familia, David Sánchez Vara, que ejerció como alguacil.
La tarde había comenzado a escribirse mucho antes. El pasado mes de mayo, durante la presentación del libro Sánchez Vara. 25 años de alternativa, valor y verdad, Javier del Río recordó al niño que pedía las llaves de El Torreón para entrenar y perseguir su sueño. «Ahí empezó todo», señaló entonces el alcalde, destacando el orgullo que supone para Pareja contar con un torero que siempre ha llevado el nombre de su pueblo por las plazas de España, Francia y América. Aquel mismo día se anunció públicamente el mano a mano que ahora se ha convertido en realidad.
Dos orejas para abrir la tarde
Javier Sánchez Vara abrió plaza con Farfonito, número 7, de Pilar y Tomás Tranero, un novillo colorado, noble aunque justo de fuerzas. Lo recibió con una larga cambiada de rodillas y continuó por verónicas antes de compartir con Rubén un tercio de banderillas especialmente celebrado por el público, con dos pares del padre y uno del hijo.
Tras brindar al público, Sánchez Vara construyó una faena en la que se sintió especialmente cómodo por el pitón derecho, llegando a prolongarla con circulares muy ceñidos. Una entera que necesitó posteriormente del descabello precedió a la concesión de las dos orejas.
Rubén Vara respondió inmediatamente con Rincón, número 43, de Torrenueva, negro listón y también algo justo de fuerzas. Replicó a su padre desde el recibo con una larga cambiada de rodillas y dejó verónicas de empaque antes de volver a destacar con los palos.
Con la muleta logró sus mejores pasajes por el derecho y elevó la intensidad en el tramo final con manoletinas de rodillas. Tras una estocada entera y dos intentos con el descabello, obtuvo otras dos orejas. Se le cayó al chaval durante la lidia una estampita de la Virgen, probablemente de la de los Remedios.
Sánchez Vara impone su madurez
En el tercero, de pinta sarda, Javier Sánchez Vara volvió a demostrar el momento de madurez que atraviesa. Toreó por verónicas y firmó un quite por delantales rematado con una media de mucho gusto. En banderillas destacó un comprometido par al violín.
Con la muleta volvió a expresarse por ambos pitones y dejó pasajes de riesgo con las dos rodillas en tierra ante un novillo con más motor. El matador resolvió la faena con oficio y dominio y sumó otras dos orejas para elevar a cuatro su cuenta particular.
«Me he divertido mucho y la gente ha estado muy cariñosa, como siempre», explicaba después Sánchez Vara. Para el torero, la entrega no depende de la categoría de la plaza. «Hay que darlo todo en todos los sitios, porque la gente hace un esfuerzo, viene a vernos, y por lo tanto hay que dejarse la piel».
Rubén cerró la tarde con Cacareo, número 8, de Pilar y Tomás Tranero, de pinta cárdena. Lo recibió con tres largas cambiadas de rodillas y posteriormente se fue a los medios por gaoneras. Su ambición quedó patente también con la muleta, especialmente por el pitón derecho, en una faena en la que sufrió dos sustos, uno serio, al pecho, ante la acometividad del novillo.
Esta vez fueron los aceros los que impidieron ampliar el triunfo. Dos pinchazos y el aviso dejaron sin premio una labor de entrega, afrontada además con molestias en una mano.
«He intentado entregarme en todos los aspectos de la lidia. Estoy muy contento. Con la espada, no tanto, pero hay que seguir», reconocía Rubén. Pese al resultado, encontró precisamente en ese último novillo algunos de sus momentos más personales. «En las últimas tandas sí me he sentido yo, que de verdad soy yo toreando».
El relevo de Pareja
Javier Sánchez Vara se mostró especialmente satisfecho con su hijo. «Ha estado fenomenal. La lástima ha sido el borrón de la espada en el último, pero ha estado con muchas ganas, con un gancho con el público extraordinario y haciendo el toreo bueno». Y volvió a destacar una cualidad que considera esencial en Rubén. «Tiene un valor natural. Cuando aprenda bien la técnica y coja más oficio va a estar mucho mejor», añadió.
Rubén resumía la dimensión emocional de la jornada de manera mucho más sencilla. «Ha sido precioso. Un festival precioso al lado de mi padre, al que admiro, y más en mi pueblo. Estoy muy orgulloso», decía.
En mayo, Javier del Río había augurado que el mano a mano sería «un día muy bonito para Pareja, para los aficionados y para toda la familia». Cuatro meses después, desde la presidencia de El Torreón, asistió a la imagen que resumió aquella promesa, padre e hijo abandonando juntos a hombros la plaza donde empezó todo.
Y Javier Sánchez Vara dejó abierto el futuro. «Ojalá él coja el relevo y pueda seguir llevando el nombre de Pareja por todos los sitios». Al padre, le queda cuerda para rato, y al hijo, ambición y toreo, no le faltan. En el horizonte, un mano a mano de los dos toreros parejanos, una vez que Rubén tome la alternativa, pues sólo tiene 18 añitos recién cumplidos.